martes, 12 de mayo de 2026

ZONA 3

 

Indudablemente, las visiones del futuro que invitan a formular las nuevas tecnologías constituyen una fuente de inspiración muy aprovechable. El cine francés, siguiendo los pasos de Hollywood, y tras la reciente La residencIA, continúa explorando esos terrenos con este thriller. En el fondo, pese a los elementos propios de la ciencia ficción que contiene, reúne muchos lugares comunes del género policíaco. Le suma unas pinceladas de denuncia social, lo cual no evita que sea bastante previsible. Con todo, el incuestionable reparto, un aceptable diseño de producción y su fluidez narrativa aseguran la evasión durante sus 100 minutos de metraje.

París, 2045. La ciudad se ha divido en tres zonas, delimitadas por los distintos estatus de la población. Una inteligencia artificial, infalible y omnipresente, denominada Alma, ayuda a las fuerzas del orden en la lucha contra la delincuencia. Sin embargo, algo falla cuando el creador de este ingenio digital, George Kessel, es tiroteado por la espalda en plena calle. El presunto asesino logra escapar y no se han registrado datos fiables sobre su identidad. La inspectora Salia Malberg y el veterano agente Zem Brecht dirigirán la investigación. Las altas esferas apuntan a un carismático líder antisistema, pero carecen de pruebas suficientes para inculparlo.

ZONA 3

Cédric Jimenez (Conexión Marsella, El hombre del corazón de hierro) adapta la novela del escritor Laurent Gaudé Chien 51, publicada en 2022. Las elucubraciones que lleva a la pantalla no resultan nada descabelladas, al menos en los aspectos técnicos. Lo contrario sucede con la estratificación que plantea; ahora mismo, se antoja demasiado utópica y únicamente cabe entenderla a modo de pretexto argumental.

La historia, que nunca decae, delata influencias de otras intrigas similares, como Blade Runner y Minority Report. El guion alterna el suspense con unas notables secuencias de acción. Aunque el espectador puede intuir con antelación suficiente ciertos detalles, el desenlace depara un giro impredecible. Tal circunstancia provoca una reacción final difícil de asumir.

La puesta en escena, sin buscar la espectacularidad, exhibe unos recursos eficaces. La fotografía les saca partido a los exteriores, casi siempre, nocturnos

Adèle Exarchopoulos (Los buenos profesores, Corazones rotos) le imprime a su personaje un carácter frío y misterioso que le sienta bien. Conecta perfectamente con Gilles Lellouche (Cuenta atrás). Los acompañan intérpretes de peso, algunos desaprovechados: Louis Garrel (El inocente), Romain Duris (Eiffel) y Valeria Bruni Tedeschi (La casa de verano).









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