martes, 7 de abril de 2026

LA SONRISA DEL MAL

 

Desde que dio el salto al largometraje, el director y guionista italiano Paolo Strippoli ha apostado por el terror. En su tercer filme, el primero que llega a las salas comerciales españolas, demuestra unos loables propósitos. Se esfuerza por reformular los tópicos y ofrecer nuevos alicientes, pese a que sus fuentes de inspiración son bastante evidentes. No obstante, en la historia que presenta se advierten luces y sombras. Acierta a generar una atmósfera inquietante y abre varias incógnitas desasosegantes, pero la narración sufre altibajos pronunciados. En favor suyo, cabe apuntar también las interesantes ideas de cariz social y religioso que maneja.

El pequeño pueblo de Remis, situado entre montañas, quedó desolado en 2009 por una tragedia ferroviaria. El choque de dos trenes causó 46 víctimas mortales. Sin embargo, sus habitantes guardan un secreto que les ha permitido sobrellevar la desgracia: el don de Matteo Corbin. Este adolescente puede absorber el dolor ajeno y liberar de los pesares a los devotos aldeanos. Su padre y el párroco del lugar lo controlan permanentemente para exprimir esa gracia, lo que desaprueba el nuevo maestro de Educación Física, el excampeón yudoca Sergio Rossetti.

LA SONRISA DEL MAL

Tras una secuencia inicial escalofriante, dedica buena parte del metraje a jugar con el misterio y los secretos turbadores que esconden los personajes. Asistimos a reacciones desconcertantes y la figura del chico se mueve intencionadamente en terrenos ambivalentes. No abandona ese tono cuando empieza a destaparse la verdad. Sin tornarse previsible, liga acontecimientos extraños e impactantes con otros prescindibles que retardan la resolución.

Se aprecian lejanas influencias de La profecía y Carrie, incluso tiene puntos en común con El hijo (2019). Ahora bien, aquí los pasajes tenebrosos y truculentos solo emergen con fuerza en los sorprendentes compases finales. Además, la acción transcurre mayoritariamente a plena luz del día.

Inserta con sutileza mensajes sobre los fanatismos, la necesidad de creer del ser humano y los peligros que comporta un fervor desmedido e irreflexivo, como sucede en las sectas.

De manera meritoria, evita los manidos recursos de los sustos e imágenes sangrientas o desagradables. Prioriza las bazas psicológicas, sin menoscabar la eficacia del relato.

Cuenta con unos actores poco conocidos que están a la altura de sus respectivos papeles: Michele Riondino (El joven Montalbano), Paolo Pierobon (El rapto), Romana Maggiora Vergano (Siempre nos quedará mañana) y el debutante Giulio Feltri.











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