El director Stéphane Demoustier (Borgo, La chica del brazalete) recrea un caso real que enfrentó la genialidad artística a las imposiciones políticas. Adapta el libro de la escritora Laurence Cossé que recogió lo ocurrido. El resultado navega entre la crítica y la comedia mordaz; no obstante, conviene saber que opta por una narración contenida. Con todo, sus contundentes lecturas no deben caer en saco roto.
Francia, 1983. El presidente François Mitterrand quiere que se construya una obra monumental y emblemática en el popular distrito financiero de París, la Défense. El concurso que convoca lo gana un arquitecto absolutamente desconocido, el danés Johan Otto von Spreckelsen. El gigantesco y audaz edificio que propone tiene forma de cubo abierto, pero requiere unos materiales muy caros. El vidrio y el mármol de Carrara son fundamentales para ejecutarlo como lo ha concebido. Ignora las trabas que deberá sortear.
Los minutos iniciales, recorridos por un fino sentido del humor, deparan los mejores momentos del filme. Luego, dedica demasiada atención a las batallas que se libran en los despachos.
El idealismo de un tipo sencillo y la maquinaria estatal, que prioriza el rédito electoral, provocan un pulso desigual. Guardando las distancias, esa pugna, desgraciadamente habitual, recuerda a la que ya plasmó Carol Reed en El tormento y el éxtasis (1965), remontándose a los tiempos de Miguel Ángel.
La baza principal reside en la caracterización del protagonista, un hombre apasionado por su vocación. Sin poseer un currículo destacado, que le diera mayor autoridad moral, hizo pocas concesiones a quienes financiaban el proyecto. Lo define perfectamente con unos ligeros matices bohemios. Justifica sus decisiones en el amor que siente y contagia por una creación llamada a ser única.
El guion no oculta sus intenciones y apenas se esfuerza en fundamentar las razones que esgrimen los burócratas. Sí que logra exponer un panorama extrapolable a otros muchos ámbitos. Las normativas repletas de prohibiciones e impedimentos, a veces absurdos, y el economizar las inversiones sin desvirtuar su repercusión mediática, forman parte de las estrategias que manejan los altos cargos.
El actor Claes Bang (The Square) le confiere una personalidad rotunda a la sobria figura que encarna. Le acompañan Xavier Dolan (Mommy), Sidse Babett Knudsen (Condenados) y Swann Arlaud (Anatomía de una caída), que cumplen bien en roles secundarios.
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