Esta entrañable comedia agridulce funciona en distintos ámbitos. Su hilo conductor recuerda a otros filmes que reivindican los derechos, los valores y las legítimas aspiraciones de las personas mayores. En esos aspectos emparenta con la reciente cinta iraní Mi postre favorito (2024). Incorpora también un sentido homenaje a los emigrantes que, buscando oportunidades o huyendo del franquismo, se establecieron en Marruecos. La película se beneficia en todo momento del carácter afable, extrovertido y vitalista con el que reviste a la protagonista. Invita a empatizar con ella desde el principio.
María Ángeles, cercana a los 80, de padres españoles, nació en Tánger. Allí se casó, fue madre y enviudó. Ahora, disfruta cada día de los pequeños placeres cotidianos. Su hija Clara, recién divorciada, vive en Madrid y, después de mucho tiempo, se digna a visitarla. Sin embargo, pronto conocerá el propósito que la ha traído hasta la ciudad. Quiere vender el piso familiar para poder empezar de nuevo, porque el sueldo que gana como enfermera no se lo permite. Además, pretende llevársela consigo, lo que no está dispuesta a consentir.
La prestigiosa cineasta Maryam Touzani (Adam, El caftán azul) exhibe una narración ágil y directa en los preámbulos. Transita del tono amable inicial a desarrollar con concisión el drama maternofilial. En esos compases, lanza una mirada emotiva hacia la vejez, plasmando la desconsideración e injusticias que sufren los ancianos, a veces procedentes de círculos cercanos
No alarga los pasajes incómodos y vuelve a los registros cómicos rápidamente. Acierta a explotar el talante inconformista, perseverante y ocurrente de esta septuagenaria. Liga situaciones chispeantes y justifica sus osadas decisiones. Apuesta por el carpe diem, digno de respeto a cualquier edad.
Sabe derivar con sutileza a terrenos románticos, que adorna con notas nostálgicas. En ese apartado tampoco renuncia al humor, con atrevidos matices picantes.
Perfila con lo justo a unos secundarios bien aprovechados, que realizan aportaciones relevantes de cariz muy diferente.
Destaca la luz que inunda las imágenes y la alegría de esa calle Málaga a la cual alude el título.
Carmen Maura llena la pantalla con una interpretación que rebosa frescura humanidad y simpatía. Marta Etura resuelve con oficio un rol antipático, y se luce María Alfonsa Rosso (Caníbal) ejerciendo de monja en unas escenas tronchantes.

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