martes, 24 de marzo de 2026

¡LA NOVIA!

 

Maggie Gyllenhaal (La hija oscura) firma esta nueva versión inspirada en el clásico de Mary Shelley y le da un giro sustancial que se extiende a casi todos los aspectos. La directora, autora del guion, apuesta por una fórmula disruptiva en la que no es fácil entrar. Quienes soporten los primeros minutos podrán sobrellevar el resto del metraje. Le suma también unas reivindicaciones feministas, convenientemente ligadas a la trama central. Por otra parte, el reparto responde con solvencia a las exigencias de sus retorcidos personajes.

Chicago, 1936. Frank acude a la doctora Cornelia Euphronious en busca de ayuda. No aguanta la soledad y le ruega que resucite a una mujer con quien pueda compartir su vida. Al principio se resiste, pero termina cediendo y elige el cadáver de Ida. Esta chica deslenguada, que frecuentaba los clubes nocturnos, murió accidentalmente, aunque iba a ser liquidada por los esbirros del temido Lupino. El despiadado gánster ya había asesinado a varias prostitutas. Ahora, la joven renace como la pareja de un monstruo rocoso que rápidamente le toma cariño.

¡LA NOVIA!

La introducción resulta llamativa. Nos presenta a la futura novia en una cena con los matones del respetado mafioso. Súbitamente, se ve poseída por el espíritu de la popular novelista. Este comienzo, excesivo y surrealista, avanza algunas señas de identidad del filme.

Cuando reúne a los dos protagonistas se convierte en una intriga criminal de venganza y huida. Recuerda por momentos a Bonnie y Clyde (1967), si bien aquí priman los ambientes lúgubres con matices góticos. Sin abandonar las veleidades con que sorprende constantemente, le va otorgando mayor importancia a la vertiente policíaca, complementando la narración. Sin embargo, esa parcela, en la que irrumpe la intuitiva inspectora Myrna Malloy, no acaba de funcionar.

Entre las diversas frivolidades que se permite la atrevida cineasta, destacan unos números musicales en blanco y negro, que rememoran los éxitos de Fred Astaire. Además, acicala el relato con episodios románticos y alusiones a un movimiento que abanderan las mujeres contra la violencia machista, denominado Ataque Cerebral. Seguramente sin pretenderlo, esas secuencias emparentan con ciertos pasajes de Joker (2019).

Los apartados técnicos responden a lo que demanda la historia. El diseño artístico evidencia los 80 millones de dólares invertidos.

Las interpretaciones de Jessie Buckley (Hamnet) y Christian Bale no merecen reparo alguno. Ambos demuestran su talla actoral al atender con oficio los requerimientos de unos papeles difíciles. Lucen menos los roles de Penélope Cruz y Peter Sarsgaard.












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