martes, 24 de marzo de 2026

AMARGA NAVIDAD

 

Pedro Almodóvar vuelve a girar el objetivo hacia sí mismo y firma esta película aparentemente compleja, pero nada estimulante. Podría decirse que complementa a Dolor y gloria; sin embargo, las diferencias son abismales. Reincide en algunos de sus temas recurrentes, aunque se aleja por completo del atrevimiento, la chispa y frescura que le auparon al éxito décadas atrás. Solamente conserva las inspiradas excelencias que depara el diseño de producción. Aquí, apuesta por unos diálogos literarios que confía a unas interpretaciones impostadas. A ello se une la languidez narrativa que domina la cinta.

Madrid, diciembre de 2004. Elsa, directora de anuncios publicitarios, se siente indispuesta debido a la migraña que sufre. También está muy afectada por la reciente muerte de su madre. Afortunadamente, le reconforta el cariño de Bonifacio, con quien convive desde que ambos se enamoraron. Los problemas emocionales se ven agravados por las delicadas circunstancias de sus amigas Patricia y Natalia. La historia se desarrolla según la va escribiendo en la actualidad Raúl Durán, un cineasta que necesita triunfar nuevamente.

Amarga Navidad

Los preámbulos contienen las únicas secuencias en las que afloran unas pinceladas cómicas. Paulatinamente, se hunde en terrenos melodramáticos de manera insulsa. Salta de una a otra realidad sin alterar el tono, construyendo un rompecabezas en el que cuesta entrar. Los dilemas éticos que lleva al ámbito artístico se antojan bastante más aprovechables. Hemos de esperar a los compases finales para que cobren fuerza y sentido. No obstante, es posible que parte del público se haya desconectado ya antes.

La pérdida de seres queridos, las limitaciones morales a la creatividad y el ego que cultivan quienes dependen del reconocimiento popular sostienen los argumentos del filme.

Conforme aproxima los dos relatos, sacrifica a varios personajes. Hay secundarios de peso que desaparecen súbitamente, desperdiciando su potencial.

El autocomplaciente clímax pone luz a los interrogantes principales, aun cuando no satisface las elevadas expectativas generadas por este estreno.

No falla la esmerada estética que luce la puesta en escena. Sin pretenderlo, los aspectos técnicos terminan captando toda la atención del espectador, lo que incluye a la eficaz partitura compuesta por Alberto Iglesias. Completan la banda sonora las canciones de Chavela Vargas (La Llorona, Amarga Navidad), cuyas desgarradoras letras se integran convenientemente en el guion.

Sus contrastados intérpretes (Bárbara Lennie, Leonardo Sbaraglia, Victoria Luengo, Quim Gutiérrez, Milena Smit) apenas se acercan a su mejor versión. Se impone al resto una intensa Aitana Sánchez-Gijón.










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