martes, 31 de marzo de 2026

EL MAGO DEL KREMLIN

 

El director francés Olivier Assayas (Las horas del verano, Viaje a Sils María) presenta esta interesante y oportuna película. Firma un retrato histórico reciente, mediante el cual explica algunas circunstancias geopolíticas que han tomado una preocupante consistencia en los últimos años. Desde el punto de vista puramente cinematográfico, la narración resulta densa y carente de artificios sorprendentes. Incluso cabe convenir que se excede de metraje (156 minutos). No obstante, los entresijos del poder que pone al descubierto y el carisma de sus actores contribuyen a mantener la atención.

En los albores de los 90, Vadim Baranov soñaba con triunfar en el teatro. Sin embargo, dejó los montajes escénicos y se pasó a la televisión. Allí adquirió prestigio, lo que le permitió contactar con incipientes oligarcas. El multimillonario empresario Boris Berezovsky, le acercó a Vladimir Putin, que regía los servicios secretos del país, y pronto se convirtió en su consejero. Los nuevos millonarios veían en este reservado exagente del KGB al sucesor ideal de Boris Yeltsin, al que podrían manejar fácilmente; se equivocaban.

EL MAGO DEL KREMLIN

Adapta la obra homónima del escritor italiano Giuliano Da Empoli, publicada en 2022. Aunque al inicio se indica que muchos de los hechos y personajes son ficticios, no cuesta localizar sus referentes reales. Sin duda, el ideólogo y asesor Vladislav Surkov ha servido de inspiración a la trama. Tampoco el filme lo oculta en exceso.

Dedica los compases iniciales a contextualizar el relato en la perestroika. El feliz sueño democrático que imaginaban los jóvenes tras la disolución de la URSS duró poco. Acierta a ir ahogando sus expectativas con la maquiavélica manipulación que se va urdiendo en los despachos del Kremlin.

Describe el paulatino viraje del protagonista, que no tarda en vender su alma y distanciarse de quien le apoyó ciegamente. Traza ese recorrido sin brusquedades y evita condenarlo. Enfrenta los ideales patrióticos a las desmedidas ambiciones económicas; un tenso pulso del que, por diferentes razones, nadie sale totalmente absuelto. La fina ironía, con soterrados mensajes punzantes, preside las reuniones estratégicas, que se asemejan más a los encuentros entre capos mafiosos.

No rehúsa a abordar con elocuencia el episodio de Ucrania, invitando al debate posterior.

El final busca un golpe de efecto y aun siendo adecuado, se plasma con frialdad.

Paul Dano (Pozos de ambición, Prisioneros) vuelve a demostrar su capacidad camaleónica con una interpretación notable, que mejora el papel. Jude Law cumple con la sobriedad adecuada.










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