Tras las notables El Cairo confidencial (2017), y Conspiración en El Cairo (2022), Tarik Saleh completa esta trilogía con una nueva entrega ligeramente inferior a sus antecesoras. Incide en temas que conectan los tres filmes: la lucha por el poder, la propaganda oficial y la influencia de la religión en diferentes ámbitos. Ahora, los vincula con habilidad al potencial de persuasión que posee la cultura y, concretamente, el cine. Sin embargo, aun contando con unos mimbres argumentales interesantes, no logra un thriller redondo. Le cuesta adquirir la tensión y el ritmo narrativo adecuados. Además, hay personajes que no aportan nada. No obstante, lo compensa con su vibrante media hora final.
George Fahmy, el actor más adorado de Egipto, se ve presionado por las autoridades para protagonizar un biopic del presidente Abdulfatah el-Sisi. Recreará convenientemente los acontecimientos previos al golpe de Estado que lideró en 2013 y así despertará la admiración popular. Aunque la aclamada estrella no comulga con el régimen, decide aceptar la propuesta ante las veladas amenazas que recibe. No tardará en codearse con las altas esferas, creyendo que se ha ganado su confianza; ignora los graves peligros a los cuales se expone.
Indudablemente, el director coloca una cortina de ficción a un panorama muy real en aquel país. Denuncia el autoritarismo, la censura y el control que ejerce el aparato gubernativo sobre la población. Tampoco se olvida del peso de los dogmas islamistas. El clima profundamente opresivo que compone choca con el talante artístico; si bien, aquí, esa confrontación se calienta a fuego lento.
Los compases iniciales se extienden en idas y venidas, con las que va describiendo la situación del idolatrado galán. Lo presenta como un tipo seguro y algo prepotente, que se cree a salvo de todo. Conforme se adentra en unos ambientes que le son totalmente ajenos, afloran sus debilidades. Los gerifaltes que lo rodean, con ribetes siniestros y oscuras intenciones, suman dosis de incertidumbre.
Cuando se aproxima al punto de inflexión, las circunstancias imprevisibles se acumulan. Depara momentos impactantes, sumamente angustiosos y de incierto desenlace.
El diseño de producción se muestra siempre eficiente. También cabe elogiar la acertada utilización de la música compuesta por Alexandre Desplat.
Fares Fares (Los casos del Departamento Q) se aleja completamente de sus registros habituales y resuelve su papel con oficio. Del resto de intérpretes, destaca la actriz Zineb Triki (Lo mejor está por llegar); mientras que Lyna Khoudri (Papicha, sueños de libertad, Novembre) asume un rol plano y limitado.

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