A las emociones que provoca este drama paternofilial, se une el interesante retrato social de un país donde pesan enormemente los valores orientales tradicionales. Algo que también apuntaba recientemente Rental Family (Familia de alquiler), y no deja de ser sorprendente. Tales aspectos, recogidos por la legalidad vigente, constituyen uno de los fundamentos básicos del filme. En base a ellos, el cineasta belga Guillaume Senez nos ofrece una historia entrañable y delicada, que aprovecha el choque de culturas.
Jay-san, de origen francés, era cocinero en Tokio cuando se casó con Keiko. El matrimonio no funcionó y se separaron hace 9 años. Desde entonces, no ha visto a su hija Lily, porque le denegaron la custodia compartida. Ahora es taxista y circula por las calles de la capital esperando encontrarla. El caprichoso destino quiere que un día lo contraten para llevarla al colegio. No tarda en reconocerla, y a partir de ese momento hará todo lo posible por restablecer el contacto. Sueña con recuperar el tiempo perdido, pero no le será nada fácil, ya que tiene a las leyes en contra.
Inspirada en casos reales, el protagonista encarna la aflicción contenida y transmite sus tribulaciones con unos gestos elocuentes. En ese sentido, el excepcional trabajo de Romain Duris (Una nueva amiga, Eiffel) resulta esencial. Curiosamente, la película apenas se detiene en explicar los detalles del pasado que han originado su situación actual. No obstante, conforme se desarrolla, tampoco los echamos en falta.
Engancha el tacto con que reconstruye esa relación rota, como si fuera un juego. Recurre a conversaciones aparentemente triviales e indicios evocadores, que van sumergiéndola en una comprensible clandestinidad.
Evita caer en los habituales resortes lacrimógenos y opta por la sobriedad narrativa. Ni siquiera la discreta banda sonora compuesta por Olivier Marguerit se preocupa de incidir en esa faceta. Aun así, consigue conmover y dejar muy buenas sensaciones.
Conviene destacar la intensa interpretación de la actriz Judith Chemla (El acusado). Su rol secundario representa de forma explícita el desconsuelo desgarrador que causa ese alejamiento impuesto y sine die.
Cierra el elenco principal la joven Mei Cirne-Masuki, que debuta en la gran pantalla y apunta unas maneras prometedoras.
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