Quienes disfrutaron de Aída, se deleitarán con esta película, pero los que no, también la sabrán apreciar. Sin alejarse de los patrones que la hicieron triunfar, Paco León, director y guionista, acierta a remozar sus elementos esenciales. Además de rendirle homenaje al gran éxito televisivo, contrasta su humor atrevido y gamberro con las cortapisas morales que imponen los tiempos actuales. En ese sentido, aporta una visión satírica ingeniosa y acertada sobre los cambios experimentados por nuestra sociedad.
La acción se sitúa en 2018. Mediaset había anunciado que la serie finalizaría ese año y ha llegado el momento de rodar el último episodio. Sin embargo, las audiencias mandan y la productora quiere alargar el filón. A la mayoría de los actores les parece bien; supone unos ingresos seguros y les garantiza la popularidad. La única que no está dispuesta a continuar por nada del mundo es Carmen Machi. Ante tal negativa, se plantean reemplazarla con la ayuda de la inteligencia artificial.
Los preámbulos ya avanzan algunos de los conflictos que conforman el argumento. Acorde con la vocación coral del filme, desarrolla diferentes subtramas. De esta manera, logra siempre mantener el interés.
El cineasta sevillano se supera en la escritura y como realizador, remozando una obra que conoce a la perfección. Pese a su mesurado metraje (98 minutos), alterna adecuadamente las intervenciones de sus compañeros. Conjuga perfectamente los descarados gags de la ficción que representan con la comicidad vinculada a cuanto sucede fuera del plató.
Los tributos de la fama, la nostalgia, el compañerismo, los nuevos valores y el acoso sexual en el sector audiovisual son temas que toca sin reparos. Sabe hilvanar estos asuntos y aproximar los distintos hilos narrativos hasta culminar con un inspirado epílogo que tiene mensaje.
Los que, al acabar, se queden con ganas de más, pueden acceder al Capítulo regalo escaneando un QR escondido en los créditos de cierre. Así, los fans complementarán debidamente el estreno de esta estimable comedia.
Los intérpretes retoman unos papeles que dominan, aunque brillan especialmente al hacer, en teoría, de sí mismos. Invita al espectador a determinar qué parte hay de autenticidad en todo ello.

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