La triunfadora del último Festival de Málaga llega a la cartelera y acredita sobradamente los galardones obtenidos, empezando por la autenticidad que transmite. Sin embargo, cuesta recomendar abiertamente el visionado de este drama desolador, porque, a buen seguro, que el espectador saldrá tocado del cine. Presenta una puesta en escena verosímil, que sigue la tónica de algunos éxitos nacionales recientes, y recorta las distancias con el público. Los que lean la sinopsis previamente, pensarán que estamos ante otra película sobre el Alzheimer; pero la debutante Marta Matute recrea sus propias experiencias y muestra la cara más cruel de la enfermedad. Además, nos acerca a quienes son víctimas colaterales.
A sus 54 años, Julia comienza a tener lapsus de memoria intermitentes. Todos conocen el diagnóstico y saben que en poco tiempo olvidará muchas cosas. Su marido, un militar retirado, ayuda en lo que puede. Inés, la hija mayor, se ha ido a vivir a Barcelona por motivos de trabajo. Así que la pequeña, Claudia, en plena adolescencia, adquiere unas responsabilidades que no esperaba.
La directora y guionista madrileña estructura el relato de manera muy acertada. Lo desarrolla mediante unos saltos temporales que agilizan la narración y permiten apreciar el progresivo deterioro cognitivo causado por este terrible e irreversible trastorno. Al tratarse de un caso precoz, avanza rápidamente, lo cual se traduce en un inevitable impacto emocional.
Centra la atención en la joven protagonista, con la que es fácil empatizar, sin olvidarse del resto de la familia. Prima la naturalidad de sus decisiones y reacciones. Con sutileza, denuncia las actitudes de los que se consideran amigos y desaparecen cuando surgen los verdaderos problemas.
El hecho de que sea autobiográfica repercute positivamente en aspectos accesorios. Las localizaciones de Valdemoro escogidas refuerzan la atmósfera realista que preside el filme.
El reparto al completo ofrece unas interpretaciones enormes. La novel Júlia Mascort llena la pantalla y se mete totalmente en el papel. Engancha su energía y aparente espontaneidad. Sonia Almarcha borda a esa madre que va apagándose, mentalmente primero y físicamente después. No desentonan en absoluto el veterano Tomás del Estal (Antidisturbios, El llanto) y Laura Weissmahr (Salve Maria), ambos irreprochables.
Se perfila ya como una seria candidata a los Feroz y los Goya que se entregarán en 2027.

No hay comentarios:
Publicar un comentario