martes, 26 de mayo de 2026

LA PLAGA

 

El título invita a pensar en un relato terrorífico. Si, además, se repara en que pasó por Sitges, prácticamente, desaparecen las dudas. Sin embargo, esos indicios conducen a error. Esta película australiana depara pasajes inquietantes, pero nunca vinculados a fenómenos paranormales ni al típico psicópata enmascarado. Básicamente, lleva a la pantalla una original mirada sobre el bullying. Introduce elementos intrigantes y la atmósfera incómoda que domina la historia crece en tensión e incertidumbre. Ahora bien, promete bastante más de lo que termina dando y deja varias incógnitas en el aire. El mejor valor reside en su joven y convincente reparto.

Verano del 2003. Ben, de 12 años va a pasar unas semanas en el campamento del centro Tom Lerner. Allí aprenderá a jugar al waterpolo y le servirá para olvidarse del reciente divorcio de sus padres. Durante un tiempo convivirá con otros chicos de su edad. Pronto se percata de que todos marginan a Eli, porque le han salido unos sarpullidos en la piel. Dicen que tiene «la plaga» y puede contagiarlos. A él le cuesta secundarlos y, por eso, se verá metido en serios problemas.

LA PLAGA

Genera unas altas expectativas desde el principio; en gran parte provocadas por los efectismos que utiliza el debutante Charlie Polinger, autor también del guion. Busca acuñar su sello personal con unos artificios perturbadores que ya acompañan a las primeras imágenes. La música estridente se convierte en un instrumento apropiado, e, igualmente, las tomas dentro de la piscina contribuyen a alimentar esas impresiones desasosegantes.

Conforme se desarrolla, advertimos que el suspense gira en torno a las posibles e imprevisibles actitudes y reacciones de los bulliciosos preadolescentes. En base a ello, toca temas como la violencia psicológica, la crueldad injustificada, las relaciones de poder, la discriminación, la ansiedad, la fragilidad emocional y los bulos dolosos. Lo hace casi de manera subliminal, con demasiada sutileza y le falta rematar la trama de forma explícita, lo que estropea las sensaciones finales.

Al margen de los peculiares recursos que maneja este director novel, el filme denota una notable realización. Emplea las técnicas convencionales con solvencia; los planos cortos y algunas secuencias acuáticas así lo acreditan.

El elenco principal, conformado por rostros juveniles con escasa experiencia, brilla en su conjunto. No obstante, merecen una mención especial Everett Blunck y el expresivo Kayo Martin. El reconocido Joel Edgerton (Sueños de trenes) interviene en contadas ocasiones.









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