martes, 5 de mayo de 2026

EL CHICO DE LOS PANTALONES ROSAS

 

Margherita Ferri lleva a la pantalla un caso de acoso escolar que terminó siendo en Italia la principal referencia del movimiento contra esta lacra tan extendida. El filme es realmente un biopic del joven protagonista. Aborda diferentes ámbitos de su vida y por eso, aunque el drama siempre planea sobre el relato, no todos los aspectos que toca suscitan el mismo interés. Prioriza la tensión psicológica y relega a momentos muy puntuales los brotes violentos e incómodos. No obstante, solo por los detalles que revela del bullying, heredero de unos patrones sociales intolerables y caducos, merece la atención.

Desde niño, Andrea Spezzacatena destacó en los estudios, que compaginó con la pasión por la lectura y la música. Las continuas peleas de sus padres no le impidieron despuntar en clase. Además, consiguió ingresar en un selecto coro juvenil. Ahora, poco después de comenzar la secundaria, inesperadamente, se reencuentra con Christian, el antiguo compañero del colegio al que ayudaba a aprobar los exámenes. Ignora que las cosas van a cambiar en el instituto. Este amigo apuesto y chulesco terminará burlándose de él por culpa del afectuoso carácter que exhibe. Unos pantalones rojos decolorados empeorarán la situación.

EL CHICO DE LOS PANTALONES ROSA

Cuida especialmente el tratamiento de la relación maternofilial, que cobrará mayor sentido durante los minutos finales. Aun así, se extiende demasiado en los preámbulos, describiendo el ambiente familiar del chico. Se agradece más la manera en que escenifica una hermosa y sincera amistad, adornada por menciones cinéfilas.

Mediante pequeños indicios y sin abandonar completamente la mirada doméstica, emerge el conflicto que constituye el auténtico argumento de la película. Podría pensarse que tal sutileza se alinea con la invisibilidad de ese inadmisible hostigamiento. Muchos de quienes le rodean no lo saben y, por tanto, desconocen el pesar que soporta la víctima. Esa circunstancia esencial queda patente en el emotivo epílogo; sin embargo, le falta contundencia. Debería haber señalado también a los docentes por no detectar el problema, e incluso al resto de alumnos, cómplices silenciosos, en una época, 2012, nada lejana.

Recurre a la voz en off del adolescente para guiar el desarrollo narrativo. Con ello, nos acerca al personaje, pero desvela innecesariamente una información clave si se piensa en los que no habían oído hablar de esta historia. Lo compensa con el cierre, que depara otros datos sorprendentes.

Hay que aplaudir el gran trabajo de Samuele Carrino. Con 14 años muestra una madurez interpretativa loable. Destaca igualmente la espléndida Claudia Pandolfi (La prima cosa bella), que interpreta a su madre.










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