Éric Besnard (Delicioso, La primera escuela) vuelve a mirar al pasado y recrea una parte de Los miserables que hasta ahora apenas se había esbozado en las anteriores adaptaciones cinematográficas, lo cual suscita un cierto interés. No obstante, la obra de Víctor Hugo aquí se plasma con sobriedad y sosiego. Profundiza en los personajes atendiendo a sus emociones y priorizando su perfil psicológico. Desde esa perspectiva, nos ilustra sobre los acontecimientos que les hicieron cambiar. Traza esos caminos de redención con los recursos justos y sin brusquedades. Solo rompe la austeridad de su puesta en escena, que se aproxima a las formas teatrales, con unos flashbacks muy oportunos
Francia, 1815. Tras pasar 19 años en prisión, Jean Valjean recupera la libertad. Vagando sin rumbo, llega a una ciudad en busca de techo y comida. Sin embargo, en la posada lo rechazan con malos modos. Lo mismo le sucede con el resto de los vecinos; nadie quiere albergar a un exconvicto. Finalmente, monseñor Bienvenu y su hermana Baptistine lo acogen sin reparo alguno. Le extraña la inusual cordialidad con que lo reciben, pero ni aun así renuncia completamente a sus viles pensamientos.
El preámbulo presenta al protagonista someramente. Lo describe como un tipo duro y de pocas palabras. Por eso, economiza sus diálogos, confiando en la elocuencia gestual del actor Grégory Gadebois (El oficial y el espía, Presunción de inocencia). La composición dramática que aporta al desnortado expresidiario resulta esencial, aunque no invite en absoluto a empatizar con él.
Por el contrario, posteriormente, asistimos a unas respetuosas y brillantes pugnas dialécticas. Opone la fe y la sincera bondad cristiana a las terribles injusticias terrenales que pueden alejarnos de las creencias religiosas. Utiliza con eficacia argumentos sencillos, que refuerza mediante recuerdos de experiencias trascendentales. La historia no contiene muchos más conflictos.
De manera incidental, toca aspectos que no han perdido actualidad. La condena social, las dificultades para redimirse y las barreras, a veces insalvables, que imposibilitan la reinserción están latentes en la trama.
La realización alterna unos bellos paisajes naturales con estancias sombrías, consiguiendo una ambientación, en apariencia, fidedigna a la época.
Bernard Campan e Isabelle Carré, que ya coincidieron en Cata de vinos (2022) realizan unas interpretaciones correctas. Completa el reparto principal Alexandra Lamy (Vuelta a casa de mi madre), que asume un rol antipático no exento de matices cómicos.

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