Aunque se estrena con la etiqueta de thriller futurista, los presupuestos argumentales que presenta son perfectamente asumibles. Incluso, si atendemos al ritmo de los avances tecnológicos, cabe pensar que se queda corto en sus fabulaciones. Por otra parte, centrada la trama, resulta fácil intuir el rumbo que seguirá. Se adivinan casi todos los giros, si bien consigue generar una atmósfera opresiva y plantear dilemas éticos aparentemente actuales, pero que vienen de lejos, como hemos visto muchas veces en la gran pantalla. Sin embargo, lo que antes parecían meras fantasías, ahora se antojan altamente probables.
La Fundación Ludovico financia a artistas de distintas disciplinas para que desarrollen sus respectivas artes en las mejores condiciones. Los hospeda en una lujosa residencia, donde cuentan con unos avanzados asistentes virtuales. Clarissa Katsef, que cosechó grandes éxitos años atrás con la literatura juvenil, ha empezado a escribir allí un nuevo libro sobre Virginia Woolf. El profundo trauma que arrastra desde hace tiempo podría servirle de inspiración. Inesperadamente, la inteligencia artificial que le asiste, Dalloway, comienza a inmiscuirse demasiado en su doloroso pasado.
El notable director francés Yann Gozlan (El hombre perfecto, Black Box), que domina el género, adapta la novela Les Fleurs de l'ombre (Tatiana de Rosnay, 2020). La plasma en un filme que, sin ser despreciable, se sitúa por debajo de sus anteriores trabajos.
Se agradece que la introducción contextualice rápidamente el relato. Se localiza a las afueras de París, en unos días delicados. Los controles sanitarios se han multiplicado por culpa de un virus letal muy contagioso. A ello se suman unas amenazantes olas de calor. Esos aspectos accesorios responden a uno de sus principales propósitos: aproximar la intriga al espectador.
Mantiene un clima permanente de tensión y eleva paulatinamente el suspense. No obstante, sus intentos por sembrar las dudas en el público acerca del estado mental de la protagonista se desvanecen inmediatamente.
Los acontecimientos que más descolocan e impactan se producen en los últimos minutos. Al menos, en las formas, rompen con cuanto cabía prever.
Cécile de France (El niño de la bicicleta, Las ilusiones perdidas) conduce la película con oficio. Los dos personajes secundarios teóricamente relevantes gozan de escasas intervenciones, lo que impide lucirse a sus actores: Lars Mikkelsen y Anna Mouglalis.

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