martes, 10 de marzo de 2026

GREENLAND 2

 

Estrenos como este hacen patente el agotamiento de ideas en la llamada meca del cine. La innecesaria secuela de Greenland: El último refugio (2020) no aporta nada destacable y emborrona los buenos recuerdos que el espectador pudiera conservar del primer filme. Acumula tópicos y pronto se torna previsible. Aunque nunca aburre, tampoco estimula la atención del público, que la olvidará con facilidad. Los efectos visuales, sin ser abrumadores, deparan secuencias visualmente llamativas y técnicamente impecables, que intentan suplir la tibieza del guion.

Jeff Garrity y su familia llevan cinco años en el búnker de Groenlandia, donde se han mantenido a salvo tras el devastador impacto del cometa Clarke. Sin embargo, la Tierra continúa padeciendo unos fenómenos asoladores derivados de la colisión. Un inquietante temblor revela que ya nadie está seguro en ese lugar. Así que decidirán embarcarse rumbo a Europa. Allí, según los científicos, se halla una zona floreciente dentro del gigantesco cráter que originó el cuerpo celeste al chocar.

GREENLAND 2

Desde el inicio, la historia toma las hechuras de una yincana peligrosa. De manera episódica y sin alargar demasiado las pausas, encadena situaciones alarmantes. En los preámbulos llega a insertar con dificultad una denuncia contra quienes abogan por prohibir la inmigración aludiendo a lo limitado de los recursos propios. No obstante, las lecturas de peso van quedando relegadas. Simplemente esboza el violento caos que desatan la anarquía y la necesidad de sobrevivir.

Los protagonistas, descritos convenientemente en la película anterior, apenas ganan nuevos matices. Únicamente enfatiza la fuerza de los vínculos que les unen en los momentos límite. Peor parados salen los personajes secundarios que se cruzan con ellos; en general, resultan bastante planos.

Intensifica las adversidades en los minutos finales, que paradójicamente son los menos espectaculares, incluso el desenlace se antoja excesivamente tibio.

Por otra parte, la fotografía, las localizaciones y las inserciones infográficas le confieren una factura muy aceptable.

El reparto principal repite, si bien ahora las exigencias físicas de sus papeles se aproximan a las dramáticas. Gerard Butler (300, Objetivo: La Casa Blanca), también productor, domina a la perfección el tipo de registro que asume. A su lado, Morena Baccarin (Deadpool) adquiere algo más de relevancia. Esta vez, el rol de hijo recae en un soso y decepcionante Roman Griffin Davis (Jojo Rabbit, Silent Night).









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