martes, 24 de febrero de 2026

TRES ADIOSES

 

Isabel Coixet vuelve sobre unos temas que ha tratado en varios de sus trabajos anteriores. Adapta el libro autobiográfico de la escritora sarda Michela Murgia, titulado Tres cuencos. Rituales para un año de crisis (2023), y firma un drama que se extiende a diferentes ámbitos. La primera parte del relato se centra en el desamor sobrevenido y el dolor que causa tal circunstancia. En ese aspecto no aporta nada nuevo. Transita por lugares comunes, acicalados con detalles curiosos. Mediado el metraje, reorienta inesperadamente la historia y entra en terrenos delicados e incluso potencialmente desgarradores. Sin embargo, opta por atenuar la angustia con una capa de vitalismo.

Tras siete años de convivencia, Antonio decide dejar a Marta porque se ha ido apagando la chispa que les unió. No aguanta la forma de aislarse del mundo a la que suele recurrir su pareja; además, apenas hacen ya cosas juntos. La ruptura hunde emocionalmente a esta profesora de gimnasia. Al estado depresivo se suma la pérdida de apetito y una súbita intolerancia a algunos alimentos. Él, un reputado chef, intenta refugiarse en sus fogones y evadirse, pero no consigue olvidarla.

TRES ADIOSES

Imbuida de un tono poético desde el inicio, describe a los personajes sin demonizar nunca sus acciones; no busca culpables de la traumática separación. Las distintas maneras de asimilarla aportan una descripción profunda. Inicialmente, alterna la atención entre ambos e introduce unos breves flashbacks que recuerdan los albores de su apasionado idilio. Confronta el antes y el después, invitando al espectador a identificarse en mayor o menor medida con ellos.

Con todo, en esos compases se advierte un cierto convencionalismo, matizado por una realización eficaz, que incorpora espacios públicos y objetos al lenguaje narrativo. Por el contrario, en la segunda hora asistimos a momentos tan conmovedores como sublimes. Inserta unas reflexiones encomiables y recupera el apartado romántico, que depara secuencias muy hermosas. El simpático epílogo termina de redondear las buenas sensaciones.

Las calles de la Roma menos popular, por donde no suelen transitar los turistas, se convierten en unos escenarios perfectos. Las cámaras las dotan de un apropiado cariz intimista.

Alba Rohrwacher (Fuera de temporada, María Callas, Jay Kelly) brilla por la naturalidad y humanidad de su interpretación. No le va a la zaga Elio Germano (La gran ambición), y Francesco Carril (La virgen de agosto, Mi amiga Eva) se luce en un papel sencillo con unas acertadas intervenciones.









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