martes, 17 de febrero de 2026

LA CHICA ZURDA

 

Shih-Ching Tsou y Sean Baker (The Florida Project, Anora) comparten los méritos de esta entrañable comedia familiar taiwanesa que, por momentos, conmueve sin pretenderlo abiertamente. Si bien no evita los lugares comunes derivados del carácter y las tradiciones orientales en el ámbito doméstico, ofrece una historia singular, que aborda con sensibilidad los conflictos intergeneracionales. Las protagonistas van ganando en matices conforme las nuevas circunstancias a las que deben adaptarse les hacen cambiar de distinta manera. Además, bajo su aparente sencillez y cotidianidad, esconde un retrato social con aires de denuncia contra la marginalidad.

Tras divorciarse, Shu-Fen regresa con sus dos hijas a Taipéi, la ciudad donde creció. Planea salir adelante cocinando y vendiendo platos de fideos en un mercado nocturno. Sin embargo, por culpa de unos gastos inesperados, le resulta difícil pagar el alquiler del puesto. Mientras, I-Ann, que no pudo cursar estudios universitarios, se pone a trabajar en una tienda, y la pequeña I-Jing está acomplejada por ser zurda, porque, según su abuelo, la izquierda es la mano del diablo.

LA CHICA ZURDA

El guion asigna a cada personaje sus propios problemas, que desarrolla convenientemente, estableciendo los oportunos puntos de contacto. El humor se impone a los aspectos dramáticos, nada despreciables, pero el relato prioriza la ingenua mirada infantil. La opone al complicado mundo de los adultos y depara episodios muy tiernos.

Los elementos culturales autóctonos enmarcan unas subtramas íntimas en las que se desencadenan acontecimientos imprevisibles. Se centra especialmente en los lazos afectivos, puestos a prueba cuando surgen las dificultades económicas, y deja unas lecturas universales.

No pasan desapercibidos los cuidados apartados técnicos. El calculado montaje proporciona una loable agilidad narrativa sin aturullarse. Las cámaras recorren las calles de la capital captando su luz y el bullicio habitual. Ello tiene un valor añadido ya que se ha rodado íntegramente con iPhones. La música marca el ritmo en varias escenas, fundiéndose con el sonido ambiente.

Las tres actrices, todavía sin proyección internacional, realizan unas actuaciones irreprochables. Destaca particularmente la desenvuelta Nina Ye, quien, con solo 9 años, muestra las maneras propias de una avezada intérprete.











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