Una impecable puesta en escena acompaña a este biopic poco convencional, cuya peculiar narración pretende reflejar el talante del autor. Sin caer en los terrenos del surrealismo, la veterana directora polaca Agnieszka Holland (El jardín secreto, Green Border) aplica con distinta fortuna unos recursos curiosos, que implican bruscos saltos temporales. Los 127 minutos de metraje corresponden a las ambiciosas intenciones que evidencia el guion. Así, les otorga la misma relevancia a los aspectos literarios familiares y románticos, además de poner en valor la impronta que nos dejó. Su reparto internacional, que no cuenta con grandes estrellas, acredita un buen nivel.
Se remonta a principios del siglo XX. El joven Franz intenta eludir los consejos e imposiciones de su autoritario padre y se resiste a trabajar en la empresa comercial que podría heredar. Por el momento, y tras estudiar Derecho, ingresa como pasante en una importante compañía de seguros. Dedica el tiempo libre a escribir y pronto entabla amistad con otros novelistas incipientes. En esa época conoce a Felice Bauer, de quien se enamora inmediatamente.
Los compases iniciales, que se desarrollan con una encomiable agilidad, avanzan la excelente factura del filme. Indagan en las facetas menos populares del genio de Praga. Resulta interesante la descripción que realiza: resalta su carácter tímido, ingenuo y terco. En esos preámbulos surgen varias anécdotas divertidas.
Superada la introducción, alude someramente a las fuentes que inspiraron sus obras más universales (La metamorfosis, El proceso). No obstante, descoloca al trasladar la acción a la actualidad para incorporar los lugares públicos que le homenajean, donde se agolpan los turistas. También se aparta del academicismo cuando los personajes rompen la cuarta pared y hablan a los espectadores. A ello hay que añadir unos breves pasajes oníricos.
Esa estructura desordenada, que sufre altibajos, puede confundir o cansar, pero no impide completar la historia con un indiscutible sello original, después de recrear unos episodios conmovedores.
Las localizaciones, el vestuario, el maquillaje y la peluquería proporcionan los elementos técnicos idóneos.
El actor alemán Idan Weiss supone un acierto. Sin apenas experiencia cinematográfica, aporta unos eficaces y convincentes matices neuróticos al protagonista.

No hay comentarios:
Publicar un comentario