Los seguidores del peculiar estilo de Wes Anderson (La crónica francesa, Asteroid City). seguramente disfrutarán con esta película. Sigue la línea artística de sus últimos largometrajes. Con su inconfundible estética, llena la pantalla de humor negro, surrealismo y personajes estrafalarios. La historia que cuenta comienza presentando unos prometedores presupuestos argumentales, pero acaba resultando repetitiva y agotadora. Vuelve a utilizar como gancho un extenso reparto plagado de estrellas, aunque, en general, los papeles que asumen no son especialmente exigentes.
Zsa-zsa Korda, uno de los empresarios más ricos del mundo, sueña con hacer realidad un ambicioso proyecto arquitectónico que le daría grandes beneficios. Las potencias mundiales, cuyos intereses ha torpedeado en numerosas ocasiones, pretenden sabotearlo. Lo han intentado asesinar varias veces sin conseguirlo. Consciente del grave peligro que corre, decide nombrar heredera a su hija Liesl, una novicia de quien se distanció hace años. La joven le acompañará en los diferentes encuentros que mantendrá con sus opulentos socios capitalistas. Deberá convencerlos para que aumenten la inversión en las futuras obras.
La disparatada introducción supone toda una carta de presentación. A continuación, construye un relato aparentemente complejo. Alterna los juegos de palabras con unos gags menos inspirados que los de sus reconocidos trabajos (El Gran Hotel Budapest, Fantástico Mr. Fox).
El guion se ajusta a una estructura bien definida, de tipo episódico, que no varía la fórmula. Lo único que termina estimulando las expectativas radica en descubrir a los actores destacados de cada capítulo. Por lo demás, los protagonistas apenas cambian sus expresiones ante cualquier situación.
El final lleva la acción a un resort palaciego al que asisten los implicados en la trama. En esas secuencias el filme alcanza unas cotas grotescas y ridículas.
Maneja con su sello habitual los espacios, la decoración, los encuadres y la colocación de la cámara. En favor suyo cabe señalar básicamente la agilidad con que transcurre. Liga escenas cortas con soltura.
Benicio del Toro y Mia Threapleton conducen la intriga con sobriedad. A su lado, Michael Cera (Superalidos, Juno) se luce en un rol poliédrico. Tom Hanks, Scarlett Johansson, Bryan Cranston, Benedict Cumberbatch y Mathieu Amalric, entre otros, no llegan a brillar. Además, hay brevísimos cameos a cargo de rostros famosos.
No hay comentarios:
Publicar un comentario