Fer García-Ruiz (Descarrilados), que este año estrenaba Mala persona, continúa aplicando patrones semejantes a los de sus anteriores trabajos. La valoración que merece esta nueva comedia, remake de la película italiana Odio l’estate (2020), sería similar. Se trata de una propuesta veraniega, estrenada en las fechas propicias, que cumple como entretenimiento llevadero. Le beneficia su carácter coral, que permite multiplicar los alicientes. Incluye en ese colectivo a figuras abiertamente caricaturizadas con ánimo mordaz. No obstante, el humor que recorre la cinta es muy desigual; encadena gags chispeantes con otros desangelados y unos cuantos ridículos. Se agradece, en cualquier caso, la agilidad con que transcurre.
Tres familias, de distinta procedencia y clase social, reservan la misma casa en una isla canaria donde se disponen a pasar las vacaciones estivales. La inesperada coincidencia se debe a un error de la agencia inmobiliaria. Viendo la falta de alternativas, optan por convivir durante unos días, algo para lo que no están nada preparados. Pronto surgen pequeñas fricciones que amenazan con romper la armonía y la paz del improvisado grupo. Sin embargo, frente a los roces de los adultos, sus hijos congenian rápidamente. Deberán tomar su ejemplo e intentar soportarse lo mejor posible.
En pocos minutos presenta a los protagonistas y adelanta los rasgos cómicos que explota el guion. La introducción resulta prometedora y contiene momentos verdaderamente inspirados. La diferencia de estatus y los prejuicios constituyen su base argumental. Por fortuna, al desarrollar estos aspectos, prescinde de los facilones matices chabacanos y procura llegar a todos los públicos. Prefiere tirar de arquetipos convenientemente exagerados e incorpora unas ligeras notas costumbristas.
Conforme avanza, parece agotar las ideas y acaba derivando a situaciones un tanto desmadradas. Aborda también los puntos débiles de las relaciones matrimoniales, en las que termina imponiendo una perspectiva benevolente, comprensiva y amable.
En la parte final introduce con dificultad una circunstancia supuestamente dramática de la que se sirve el complaciente epílogo.
Cuenta con intérpretes experimentados en estos terrenos, cuyas intervenciones mantienen el filme a flote. La pareja que forman Jordi Sánchez y Malena Alterio protagoniza las escenas más destacadas. Junto a ellos, los actores adolescentes se muestran menos convincentes.

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