Colmará ampliamente las expectativas de quienes disfrutaron con Bitelchús. Mantiene los vínculos con su predecesora y la historia, en clave coral, suma al humor terrorífico una subtrama que incluye elementos propios del cine negro. La mayor parte de los nuevos personajes enriquecen el relato, que discurre con agilidad. Mejora, lógicamente, los efectos especiales, pero procura respetar la estética del filme de 1988. Contiene muchos detalles curiosos e introduce unos números musicales bien trabajados. Los apartados nostálgicos satisfarán a los adultos y los más jóvenes sabrán apreciar sus aires vintage.
El inesperado fallecimiento de Charles Deetz reúne a toda la familia en Winter River. Delia, la desconsolada viuda, sigue prodigándose en el arte abstracto, mientras que Lydia ha triunfado como médium y presentadora televisiva. Quiere aprovechar el funeral para acercarse a Astrid, su hija adolescente, que no cree en fantasmas. Durante la estancia en la mansión recordarán las espeluznantes experiencias que sufrieron allí. Por si fuera poco, un viejo amigo burlón que está en serios apuros se dispone a regresar del inframundo.
Tras la tibia acogida de Dumbo (2019), Tim Burton regresa por la senda con la que se ganó su reconocida reputación. Enlaza con el largometraje original y depara un encomiable derroche de fantasía, demostrando que todavía domina esos terrenos a la perfección. Las imágenes y los títulos iniciales copian el formato de su antecesora, avanzando la conexión con aquel lejano éxito, al que también homenajea. Centrada la acción, el guion no da respiro al espectador. Los escenarios y los protagonistas se van relevando con fluidez; cada uno representa diferentes conflictos que terminarán por converger.
Aunque predomina el tono de comedia, con abundantes gags visuales, asistimos a pasajes inquietantes que permiten abrir una intriga policíaca. Amplía sus argumentos al abordar las relaciones maternofiliales y esconde varias sorpresas que se extienden hasta el epílogo.
Danny Elfman recupera los acordes del divertido e icónico tema central que compuso hace 36 años y aporta otros motivos en la misma línea, fusionando los acordes burlescos con contrapuntos terroríficos.
Winona Ryder y Michael Keaton se reparten los papeles principales y rinden a gran nivel. Catherine O'Hara (Solo en casa) se supera y la prometedora Jenna Ortega (Scream VI) cumple con creces, igual que Willem Dafoe. Un peldaño por detrás quedan Monica Bellucci y Justin Theroux.

Totalmente de acuerdo con la crítica y la verdad es que me ha transportado a recordar aquella genial película del 88 y ver una correlación perfecta en esta secuela.
ResponderEliminarTambién me ha sorprendido lo bien que Tim Burton ha sabía salvar la ausencia de Jeffrey Jones, ya que no hay ausencia del personaje porque parte de la historia gira en torno a el.
Aguda observación
EliminarLa presentación del personaje de Monica Bellucci con la música de los Bee Gees de.lo mejor que he visto en tiempo. Sin embargo, el resto, no me aportó demasiado a la película original.
ResponderEliminarVi las dos películas seguidas. La primera tiene el mérito indiscutible de la originalidad, pero, partiendo de ahí, esta segunda me pareció muy buena.
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