martes, 3 de febrero de 2026

28 AÑOS DESPUÉS: EL TEMPLO DE LOS HUESOS

 

Comienza donde terminó la anterior, estrenada el año pasado, y toma una senda original. Los insaciables zombis y el contexto apocalíptico se convierten en el pretexto adecuado para que afloren los perversos recovecos de la mente humana. El principal guionista de esta saga, Alex Garland, se reinventa y firma un relato con nuevos alicientes. Prácticamente, el suspense y la violencia relevan al terror sin perder interés. No obstante, el desenlace, algo tibio, deja abiertas las puertas a la tercera entrega, que llegará en 2027.

Tras ser rescatado por sir Jimmy Crystal y sus secuaces, el joven Spike se da cuenta de que, sin quererlo, debe permanecer en esa secta, cuyos miembros adoran a Lucifer. Piensa en huir, aunque tampoco así evitaría otros peligros igualmente letales. Un rayo de esperanza surge cuando vuelve a cruzarse con el doctor Kelson, quien continúa buscando el remedio al virus que causó el caos. Ahora, intenta progresar con Sansón, el gigantesco macho alfa al que todos temen.

28 AÑOS DESPUÉS: EL TEMPLO DE LOS HUESOS

La maldad despiadada y retorcida reemplaza a los predecibles ataques impulsivos de los infectados. Vincula el sadismo irreflexivo con la erótica del poder que genera un líder carismático. También lo asocia a la manipulación que ejercen quienes saben aprovechar determinadas coyunturas en beneficio propio; una alegoría muy oportuna. En ese sentido, los integrantes del grupo extremista, aquí llamados «dedos», emparentan con los «drugos» de La naranja mecánica (1971).

Los episodios sangrientos se suceden, creciendo paulatinamente en brutalidad. Oxigena la tensión al prestar atención a los experimentos del peculiar científico, una parcela que depara secuencias curiosas y hasta con ciertos matices cómicos.

Ambas líneas narrativas están llamadas a converger y eso crea unas altas expectativas sobre el clímax que el filme no satisface. Asistimos a un ingenioso espectáculo de magia circense, pero se queda corto. Compensa parcialmente al público con el inesperado epílogo, que agradará especialmente a los seguidores de la franquicia. Constituye el avance del último capítulo de esta trilogía.

Se aprecia la pericia de los diferentes departamentos técnicos. La fotografía, la realización y la banda sonora de la compositora islandesa Hildur Guðnadóttir cumplen perfectamente sus cometidos.

Ralph Fiennes, con mayor participación, enriquece su personaje, mientras que Jack O'Connell (Invencible, Convicto) convence como un autoproclamado gurú egocéntrico y cruel.









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